¿Qué es un indígena?[1]
- “Una mapuche como las de las fotos que vimos en clases, lo primero que se me viene a la mente” (aludiendo a fotos de Gustav Milet)
- “Personas bailando alrededor de una fogata” (risas, muchas risas en la sala)
- “Gente con poca ropa” (espasmos en mí)
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- “Eres tan exótica en tus cosas” (mi ex pareja)
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¿Qué es un indígena?
La pregunta es reiterativa. Cuando se quiere solicitar una beca estatal como la CONICYT para postgrados, pedir subsidios habitacionales, postular a proyectos de emprendimiento y desarrollo hay que acreditar ante la Corporación Nacional Indígena (CONADI) la “calidad de indígena”. Solicitar un certificado que es expedido por esta entidad, que en 15 días tramita tal papel. Un papel de color verde, que emula la enmarcación de un diploma, que señala a qué etnia se pertenece, etnia que debe estar dentro de las que reconoce el Estado mediante la Ley Indígena nº 19.253. Ley hecha en Democracia y que establece en esta entidad el “control” del devenir de los pueblos indígenas, ya que desde ella se distribuyen las becas a estudiantes y diferentes proyectos de desarrollo. Y es ante esta corporación que se debe mediar sobre conflictos de tierra.
Se podría decir que “la voluntad de verdad” de la que hablase Michel Foucault ha sido confiada a esta organización, es así que un indígena sólo tiene calidad de tal para efectos de beneficios estatales si CONADI ha señalado mediante un papel que cierto sujeto pertenece a tal etnia. Si no está el papel no se tiene derecho a postular a ningún beneficio estatal. Pero, todo queda ahí mismo. CONADI pertenece al Gobierno, el dinero de las becas y demás beneficios los aportan los ciudadanos al pagar impuestos, impuestos que además también pagan quienes pertenecen algún pueblo originario teniendo o no el papel de CONADI que acredite su calidad de indígena. Este organismo es un aparato ideológico del Estado y es de carácter público. Maneja fondos públicos y ello le otorga gran poder, ya que deciden a qué proyectos beneficiar y cuáles no. El tener este poder les valida públicamente para manejar los discursos sobre lo indígena. Ellos deciden de qué hablar y qué no, manteniéndose al margen entonces de la mayoría de los conflictos sobre tierras en que los mapuche han decidido autónomamente recuperar o haciendo caso omiso a las demandas de pueblos altiplánicos, como aimarás y quechuas en su lucha contra las minas antipersonales que aún quedan en el desierto.
Así finalmente para ratificar la calidad de indígena y poder meterse en este sistema como un sujeto “válidamente” perteneciente a una etnia:
- se debe presentar certificado de nacimiento nº10 donde aparezcan los dos apellidos de los padres
- presentar certificado de residencia dado por Carabineros o Junta de Vecinos
- esperar 15 días a que los papeles sean revisados y aceptada la solicitud de “calidad de indígena”
Toda esta serie de trámites sólo encierra el afán de poder y control de un Estado panóptico que quiere saberlo todo, registrar en sus archivos la población indígena. A su vez con esto le quita la autonomía a las comunidades, no reconociendo el derecho que tienen de mantener sus costumbres y tradiciones. Porque las tradiciones no sólo implica que se reconozca a un indígena por sus rasgos diferentes, lengua distinta, sino que reconocer que ellos mismos pueden organizarse bajo sus creencias, sus tradiciones y autoridades tradicionales. El que el Estado deba ser el que reconozca “la calidad de indígena” de alguien, es pasar a llevar lo que las autoridades tradicionales deberían realizar. Es pasar a llevar las comunidades indígenas que aún existen y que deberían ser las que reconozcan en sus pares a quienes pertenecen a una etnia. Si bien es cierto que debido a las migraciones muchos ya no están en sus comunidades, debiera ser que primero imperase lo que dice la comunidad sobre tal sujeto, si lo considera o no perteneciente a algún pueblo originario, y después el Estado emitir tal diploma a través del trámite burocrático de acreditación de etnia.
Apuntes sobre
¿Quién es el indígena? ¿Bienal de arte indígena? ¿Qué es ser artista indígena?
Indígena, según RAE (Real Academia Española)
“indígena.
(Del lat. indigĕna).
1. adj. Originario del país de que se trata. Apl. a pers., u. t. c. s”.
1era figura a mi mente: rabia, estremecimiento de tripas, odio la palabra a veces. No hay imagen. Pero, después pienso en mi familia. La enseñanza básica en Santiago, el que me dijesen mis compañeros “india fea”, “rapanui”, “india tonta”.
2da imagen: antropología, arqueología, momias.
¿Bienal Indígena? indumentaria tradicional, fenotipo diferente al occidental: moreno, pómulos alzados, frente amplia; otra lengua. Y las respuestas al comienzo sobre qué es un indígena caben de perilla al responder ¿Qué es la Bienal Indígena? Es sumamente extraño para alguien que viene del sur, de una comunidad mapuche, ver y reflexionar acerca de cómo están en vitrinas expuestas las makuñ (mantas), los trarilonkos (cintillos) si en realidad son ‘piezas’ hechas ahora, en la actualidad, que mi gente sigue usando, pero que por azar del destino han quedado encapsuladas en un vidrio que las saca de su uso. Asimismo, se muestran tallados encerrados en jaulas de vidrio. Cestería en pedestales, canastas vacías de un uso actual. La otredad puesta en exhibición como espectáculo del exotismo. Sí, el exotismo para una ciudad que en su afán postmoderno omite lo manual, lo hecho a mano y trabajado por tradición, cambiándolo por productos fabricados que nos llegan de
Es complejo hablar sobre el concepto de bienal. En sí mismo significa literalmente “dos años”, pero ¿Cuál es el origen de las bienales o de dónde surge la idea de realizarlas, quiénes participan, bajo qué criterios se escogen las obras a exponer? Son preguntas que se escapan al significado primero de “bienal”. Existe una institución, museo o galería, que ha puesto en lo lato el concepto de bienal, situándolo como un encuentro entre artistas de diferente procedencia. En portaldearte.cl definen el concepto para los lectores de esta web como: “Encuentros internacionales de arte realizados con el intervalo de tiempo que su nombre indica. Organizados principalmente como muestras de producciones contemporáneas, se convierten en centros de interés, ya que en ellos se exhibe lo más avanzado de cada país participante, suscitando polémicas y debates teóricos”[2].
Converso de ello con mi amiga Daniela Pizarro[3] y me dice que: “Creo también que lo complejo es hablar de Bienal, en un país que lxs niñxs no tienen que comer, las mujeres no pueden optar a sistemas anticonceptivos acorde con sus deseos y placeres... y más y más mierdas que en verdad amiga me dan ganas de gritar como loca (imagínate mas de lo que grito y hablo)...la bienal es un espacio... una situación de encuentro... que como toda oficialidad esta tapizada de resquemores, inconsistencias, arreglos políticos, elección dudosa, y mucho más”...
Y es cierto. Parece que acá reunieron una muestra de todo lo que representaría al indígena. Cestería, telar, tallados, alfarería. Lo más actual: video, cine, poesía, fotografía. Funciona como punto de encuentro entre lo que se entiende como indígena, aquello exótico, eso que está fuera del imaginario capitalino, más aún, del chileno. Aquello que el capitalino debe ir a conocer encerrado en una vitrina porque de otro modo quizás no lo conozca. Aquello que bajo los ojos del oficialismo que organizó la bienal es lo que se debe mostrar del indígena. ¿Por qué no se habla de la pobreza en que viven los descendientes de estos pueblos originarios, de los conflictos en el sur, de la ineficacia del programa de entrega de tierras de CONADI? Es cierto, son hechos, no es ‘arte’. Pero, no se ha reconocido constitucionalmente a ningún pueblo originario y es acá donde sí somos todos chilenos y nadie es exótico, todos somos parte de un mismo país y un solo pueblo, el chileno. Sólo ahí no hay discriminación porque en realidad cómo reconocer que hay muchos pueblos originarios aún vivos en nuestro país, que siguen presentes con sus tradiciones ancestrales, con su lengua. Cómo reconocerlo, si en realidad en esta bienal lo que se muestra es lo que la historia nos ha dado entender como lo indígena, aquello que es otro lejano, con costumbres diferentes, más rústico, que se dedica a la cestería, alfarería, textilería igual que antes de la llegada de los españoles al país. Aquello que es indígena y no pueblo originario.
PUEBLO: palabra conflictiva para senadores de derecha como Alberto Espina quien en numerosas oportunidades se ha manifestado en rechazo del uso de esa palabra para denominar a las culturas originarias.
Podemos señalar que el discurso que maneja el Estado frente a lo indígena está muy ligado a lo que considera como “cultura indígena”, cultura entendida desde lo que el teórico Santiago Castro Gómez reconocería como un lugar que dejó de ser visto como un espacio de lucha por el control de los significados, para ser considerada como “objeto” de estudio. Así la cultura indígena no debe ser conflictiva, debe mostrar esa historia casi arcaica sobre las labores agrícolas, cestería, alfarería, textiles, etc. No dar cuenta de la lucha que actualmente llevan a cabo los pueblos originarios por su autodeterminación y reivindicación de sus derechos ancestrales. He ahí porque la invisibilización de los conflictos indígenas y el mismo depuramiento de la historia respecto a las atrocidades hechas en la Patagonia con quienes eran los habitantes originarios de ese lugar, el cómo fueron exterminados, cazados, llevados a zoológicos humanos en Europa, hechos que la historiografía no contempla ¿Culpa? ¿Miedo? ¿O es que los abusos siguen cometiéndose actualmente y todo debe ser acallado para esa historia oficial?
Pero, centrémonos en un hecho diferente en esta bienal, el lanzamiento del libro de David Aniñir Guilitraro, que se titula Haykuche.
Lugar de la bienal: Centro Cultural Palacio
David realizó un discurso inaugural muy crítico, él tiene conciencia del espacio al cual lo llamaron. Precisamente en la Bienal anterior se refirió a la muerte de Alex Lemún, asesinado por Carabineros, hecho que quedó impune, hecho avalado finalmente por el Gobierno que no hizo nada, ya que este oficial siguió en esa misma institución. Ésta es la segunda bienal, nuevamente invitaron a David Aniñir, nuevamente (él mismo lo constató) tuvo que hablar de otra muerte abalada por el Estado, otro asesinato impune. "Un paco e' mierda le disparó por la espalda", en palabras del mismo poeta al referirse a la muerte en enero de este año de Matías Catrileo....
…Pero el lugar te es sordo David, sólo los asistentes te oímos de verdad, compartimos tu dolor y tu rabia.... El Centro Cultural Palacio
Canta un grupo de jóvenes mapuche. El ambiente les juega en contra, sus voces retumban y los micrófonos sólo logran que sus voces fluyan desde un lugar a otro como golpeando las paredes para salir y llegar a La Moneda. Este grupo se llama Wechekeche ñi trawun[4], que querría decir algo como unión de jóvenes. Ellos tocaron unos seis temas, se las arreglaron frente al lugar ensordecedor. ¿Pareciera que desde las construcciones del Estado todo el ambiente está sordo y trata de hacernos ensordecer, o callar y darnos por vencidos? Cantaron contra el Bicentenario, contra Bachelet y frente al asesinato de Matías Catrileo...
Letras en contra de quien pareciera tener el control del Estado:
“Las tierras son tomadas porque fueron robadas / Por latifundistas, extranjeros, forestales y trasnacionales, / Nuestras armas las palabras y el derecho ancestral / Mientras el estado nos asesina con su fuerza policial, / Con sus balas metralletas, esta lucha es desigual, / Estos cobardes asesinos nos disparan a matar, / Son valientes con guanacos, zorrillos y pistolas, / No existe aún el paco eh mierda que nos pueda parar / MATIAS KATRILEO / TU MUERTE NO FUE EN VANO, / EN TODO EL TERRITORIO SE LEVANTAN TUS HERMANOS/ MATIAS KATRILEO / TU MUERTE NO FUE EN VANO, / EN TODO EL TERRITORIO SE LEVANTAN TUS HERMANOS”
Luego vino el presentador, y dijo "como en toda fiesta hay un invitado de honor, ven David a recitarnos". David recitó poemas de su libro Haykuche, hayku mapuche. Muchos de ellos con un gran sentido crítico respecto al Estado contra los mapuche. ¿Pero por qué nos habla de que “estamos celebrando una fiesta” aquel presentador que representa al Gobierno? ¿Cómo dice aquello después de oír la queja de Wechekeche ñi trawun?. Con qué cara me pregunto y me respondo que con la cara de la institucionalidad que tiene el poder para hacerlo. Para ser sordo oficialmente, porque una letra como la que se oyó contra Michelle Bachelet no debe ser tomada en cuenta desde la institución y menos en un lugar como el Centro Cultural Palacio la Moneda.
"MICHELE!!! MICHELE!!!QUE TIENE MIECHELE!!!/ QUE MATA Y TORTURA IGUAL QUE PINOCHET!!! / Ya no estamos dispuestos a aguantar mas represión,/ Puelmapu Gulumapu nos levantamos en acción,/ A nuestro pueblo Mapuche ningún estado lo calla/ Cuando un hermano se cae diez se levantan en batalla”
Pero David también es crítico con su pueblo, desde su primer libro Mapurbe, pretende que los llamados “mapuche urbano” se politicen, se autoreconozcan como mapuche, con una tradición que continuar y defender:
MEA CULPA
(CONADI, ¿con nadie?)
La lucha mapuche
es un proyecto
de fomento productivo:
la creación de la iniciativa
está en el despojo de las tierras
a las comunidades
los ejecutores son los comuneros
que se debaten en el conflicto
y los beneficiarios
son los Mapuche
que viven en la ciudad
Luego de leídos varios poemas se sube nuevamente el animador y dice: "y como en toda fiesta, hay comida, pasen al coctel. Sigamos con la fiesta".
¿Fiesta? ¿Sr. animador escuchó lo que dijo David tantas veces? ¿Acaso cree que los mapuche tenemos algo que celebrar porque el Estado nos circunscribe como indígenas dentro de una "Bienal de Arte"? Fiesta, fiesta de celebración por parte del Estado porque se han salido con la suya, han sido completamente sordos, celebran los asesinatos de nuestros muertos. Fiesta simulacro de inclusión, pero es inclusión ciega-sordo-muda y con el único propósito de mantener calladas las voces de la diferencia en este afán inclusivo falso. Pero se olvidan que el subalterno sí tiene voz y que sí puede hablar aunque la institucionalidad se haga la sorda, porque el trabajo de resistencia implica una micropolítica que se está llevando a cabo en las calles, en los barrios, poblaciones y en medios de comunicación independientes. Porque aunque la prensa oficial no hable sobre los abusos que se cometen en el sur con los mapuche, los allanamientos, la represión policial, la lucha contra las forestales, represas y destrucción del medio ambiente, el trabajo existe, la gente que quiere informarse de ello sabe que existe. Sabe que David Aniñir trabaja autónomamente, que él presenta sus poemas en tocatas de rock-punk, en jornadas culturales mapuche y que no es alguien que haya aparecido sólo en esta ocasión para hablar de los mapuche. Es alguien que ha trabajado hace mucho tiempo en esto, por lo mismo cualquier lugar le resulta válido para hablar, porque, aunque la oficialidad se haga la sorda, sí oye, se siente molesta por las intervenciones en contra del Gobierno y es probable que en un próximo lanzamiento de algún libro de este tipo, simplemente no dejen hablar tanto a un poeta mapuche o “la fiesta” sea más grande, colorida y folklórizada para montar un circo sobre lo que es indígena.
Es lo que Michael de Certeau reconoce como sociedad del espectáculo[5], es esa necesareidad institucional de fingir que no le interesan los problemas del sur, es jugar a simulacro cultural de lo indígena aceptable, esto porque “las instancias ideológicas (como la lucha por la autonomía mapuche en este caso) sufren la metamorfosis del espectáculo” y sería como el show debe continuar y celebremos la fiesta institucional así, se trata de que los asistentes a estas instancias sólo sean un público observador pasivo, la transformación del “pueblo” a “público”, que paga una entrada para asistir a esta bienal.
Conclusiones
MEA CULPA: me comí un canapé de pan con salame, pero no bebí vino. No es una fiesta, no hay nada que celebrar.
Es posible que las voces subalternas puedan ser oídas en un espacio institucional, pero en este caso se trató de crear un espectáculo y se simuló una celebración. Pero, nadie es tan sordo como para no haber oído los poemas de Aniñir y las canciones del grupo de jóvenes mapuche Wechekeche Ñi Trawun y es altamente probable que en un futuro ya no sea David Aniñir el poeta mapuche que tenga “derecho a voz” en la Bienal…
Y yo saqué el certificado de “calidad de indígena”, soy una indígena de calidad institucional que puede optar a los beneficios estatales que se me podrían otorgar por pertenecer a una etnia. Pero, soy mapuche desde que nací, pertenezco a la Comunidad Manuel Catricura de Lofon, en Panguipulli Región de los Ríos, una comunidad que se encuentra luchando por la devolución de tierras que ocupa actualmente la central Pullinque. Lucha que hasta al momento ha sido poco fructífera. Y obtuve un certificado que pasa a llevar a mi comunidad, porque deberían ser ellos quienes tendrían que haber hecho un papel en el que simplemente dijese que pertenezco a esta comunidad, al igual que mis padres y abuelos (si es que en realidad uno tuviese que estar mostrando documentos para demostrar que es mapuche) .
Referencias bibliográficas
- Althusser, Louis. Ideologías y aparatos ideológicos del Estado http://www.ucm.es/info/eurotheo/e_books/althusser/index.html
- Castro-Gómez, Santiago Althusser, los estudios culturales y el concepto de ideología
http://www.oei.es/salactsi/castro3.htm
- De Certeau, Michel. La invención de lo cotidiano. Vol. 2 México
- Foucault, Michel. El orden del discurso. Barcelona: Tusquets. 1973
[1] Pregunta que realizó Margarita Alvarado en una clase de Arte Chileno y Americano II, Segundo Semestre de 2008 en el Instituto de Estética UC y las 3 primeras frases fueron las respuestas de los estudiantes. La cuarta respuesta es de mi ex pareja respecto a mí.
[2] http://www.portaldearte.cl/terminos/bienal.htm
[3] Daniela Pizarro es Licenciada en Arte U. Arcis, Licenciada en Estética UC y estudiante de Magíster de Género U. de Chile
[4] Escuchar música en http://www.wechekeche.cl/?idseccion=4
[5] De Certeau, Michel. La invención de lo cotidiano. Vol. 2 México p161




